Benedict Carsington, heredero del conde de Hargate, es el perfecto aristócrata inglés. Alto, moreno y atractivo, todos le conocen por su vida irreprochable, sus modales impecables y su elevado sentido del deber. Se atiene a todas las normas y jamás pierde el control... hasta que encuentra a Betsabé Wingate. Betsabé pertenece a la rama descarriada de la familia DeLucey. Su fama de embusteros, timadores y estafadores la ha perseguido siempre. Cuando se casó, la adinerada familia de su marido los desheredó. Ahora que se ha quedado viuda, está decidida a ofrecer a su hija una vida correcta y estable, sin dar pie a que nadie hable de ella... hasta que conoce a Benedict
De todos los hermanos Carsington el más responsable, el más respetable y todo un modelo de caballero, es Benedict, de ahí que le llamen Lord Perfecto, porque nunca hace ni dice nada fuera de lugar. Al ser el heredero de su padre, a Benedict no le ha quedado más remedio que no sacar los pies del tiesto jamás, se casó con una dama de familia intachable sin que el amor tuviera nada que ver, solo para cumplir con su objetivo de tener herederos, pero estos no han llegado y además se ha quedado viudo. Mientras se encarga de cuidar de su sobrino, del que es tutor, conoce a una mujer que no puede estar más alejada de su perfecto mundo en la alta sociedad.
Betsabé viene de una familia disfuncional, una panda de estafadores y mentirosos a los que todos conocen como los Atroces DeLucey. Ella no tiene nada que ver con sus parientes, es una mujer tranquila, que odia el engaño y todas las triquiñuelas que se destilan en su familia para conseguir lo que quieren, prefiere el trabajo y esfuerzo de uno mismo. Se caso por amor con el segundo hijo de un noble, quedando este desheredado, pero fue muy feliz hasta que su marido murió, dejándola sola con una hija. Preocupada por su situación económica y como mejorarla por su hija, se encuentra con un hombre que representa todo lo contrario de lo que ella es.
A primera vista, los protagonistas no podrían ser más distintos, pero durante la historia vamos comprobando que ni el es tan perfecto ni ella es un bicho como el resto de los suyos. Tema continuo sera el rol que la sociedad les ha impuesto y como esto ha condicionado toda su existencia, asfixiando su forma de ser y evitando que puedan hacer lo que realmente quieren hacer.
La oportunidad de conocerse bien a si mismo y a su acompañante se producirá cuando el sobrino de Benedict y la hija de Betsabé se escapen juntos en busca de un tesoro de la familia DeLucey. La idea parte de la niña, Olivia, que por su edad, la necesidad imperante que tienen ella y su madre y sobretodo por su temperamento (tremenda la niña, sabe mentir, jugar a los dados, etc) decide que tiene que hacer algo para cambiar las cosas y para que su madre vuelva a ser feliz. Peregrine la sigue en un intento de convencerla de que no cometa semejante locura pero llega un punto que como el también es un niño y ha vivido entre tantas quejas y castigos de sus padres, unos incompetentes que no entendían a su hijo, opta por vivir esa aventura porque quiere disfrutar un poco de su infancia, algo que no le han dejado hacer.
Me gusta la relación que se establece entre los protagonistas, ese quiero pero no puedo inicial que da paso a una entrega total, a un enamoramiento absoluto, sobretodo por parte de él, que nunca había conocido lo que es el amor. A Betsabé en cambio la persigue el fantasma de la muerte de su marido, que fue desheredado por su padre y que murió sin reconciliarse con él y no quiere lo mismo para Benedict.
Lo que no me gusta es como se alarga la búsqueda de los niños, llegamos a tal sitio y ellos ya se han ido a otro nos toca reemprender la marcha, esta misma situación se repite varias veces y resulta cansino, además pasan días hasta que les encuentran y eso relentiza la historia y hace que te aburras. Tampoco me gusta que apenas sepamos nada de los otros protagonistas de libros anteriores. Rupert si aparece junto con Daphne, pero a Alistair se le nombra una vez y ya está. Me gustaría que se hubiera visto más de la relación entre hermanos, ya que es tan importante la familia Carsington en la historia.
Que nadie se pare a conocer a Betsabé es una pena, si es que enseguida se le nota que no tiene nada que ver con su familia, que es una persona honrada y sincera, ella misma cuenta como era la vida con sus padres, como la usan para sacar provecho de quien fuera y como de mayor decidió que ella no iba a seguir ese camino, que era vergonzoso. Al menos el protagonista se cuenta bastante rápido que Betsabé no es como sus parientes. Los padres de Peregrine son otro cuadro, me gusta el paralelismo que hacen con la familia Carsington, como con estos Peregrine se siente en casa y con sus padres en cambio es un bicho raro. Los padres del niño representan como el tener hijos por obligación y no por vocación lleva a que no sepan que hacer con sus hijos cuando estos no son como ellos esperaban, Peregrine parece más hijo de Benedict, es un niño inteligente y curioso nada dado al dramatismo como sus padres, que no saben como enfrentarse a su educación. Los padres no salen en ningún momento solo se necesitan los pensamientos de Benedict y Peregrine para pintarte un perfil perfecto de ellos.
Entretenido final para la trilogía, aunque a veces sea algo aburrido por el alargamiento en la persecución de los niños. Parece que no habrá libro del hermano pequeño, lástima, así que aquí se acaban los Carsington.
Nota: 7/10
Datos de interés:
Autora: Loretta Chase | Trilogía hermanos Carsington III
Título original: Lord Perfect
Publicado originalmente en 2006
Publicado en España: 2008
Editorial: Random House Mondadori, Cisne

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