martes, 18 de febrero de 2014

Un caballero siempre es discreto

La delicada situación de lord Roland Penhallow, su mala reputación y ciertas acusaciones de traición, aconsejan que se retire un tiempo de la vida londinense. Para ello, Roland, su hermano y duque de Wallingford y el hombre de ciencia Phineas Burke se disponen a pasar un año en un castillo de la Toscana, renunciando a su habitual vida mundana y a cualquier relación amorosa, para centrarse en el trabajo y estudio. En una noche lluviosa, durante el trayecto, coincidirán en una posada con Elizabeth Harewood, Lilibet, ahora condesa de Somerton quien viaja acompañada de su hijo de cinco años, de lady Alexandra Morley y de su prima Abigail. Lord Roland enseguida reconocerá la voz de la mujer en la que no ha dejado de pensar ni un segundo desde la última vez que la vio, hace siete años. Cuando caballeros y damas se vean obligados a alojarse en el mismo castillo, la pasión del primer amor resurgirá, pero también los malentendidos y las sorpresas más inesperadas



Después de leer la primera novela de esta trilogía, en la que las relaciones entre las tres parejas se dan en el mismo lugar, un remoto castillo en Italia y en el mismo periodo de tiempo, le llega el turno a Roland y Lilibeth, se conocen desde años y están enamorados el uno del otro pero el que ella este casada con otro hombre, impide que puedan estar juntos.

Lilibeth una vez tuvo ilusiones, pero ahora tras seis años de matrimonio y un hijo, lo único que quiere es huir de su déspota e infiel marido, así la propuesta de su prima Alexandra de pasar un año de retiro en un castillo italiano le parece perfecta. Lo que no le gusta tanto es encontrarse con su antiguo amor, Roland, que junto con su hermano y un amigo se va a hospedar en el mismo castillo y por un periodo de tiempo similar.

Roland, conocido libertino de la sociedad londinense, que le considera poco más que un botarate con un gallardo porte oculta en la sombra su papel como espía, razón por la que ha fortalecido la opinión de que no es más que un libidinoso empedernido, ni siquiera su hermano, el duque, sospecha la verdad y reconozco que hasta a mi me ha sorprendido que fuese en realidad un espía, ya que en el primer libro las pocas intervenciones que tiene parece bastante simplón y atontado. El caso es que alguien busca perjudicarle achancándole cargos de traición, su superior le recomienda que ponga tierra de por medio hasta que se descubra quien anda detrás de él, así que Roland en un principio reticente, acaba aceptando y así se lleva la sorpresa de su vida al ver a Lilibeth, en la que no ha dejado de pensar en años.

Siguiendo la tendencia marcada por la novela anterior, tendremos encuentros y desencuentros entre los protagonistas que en el fondo no pueden ocultar el amor que llevan sintiendo años. Esta historia es más seria que la anterior, pues tanto Lilibeth como Roland guardan recuerdos buenos y malos de su historia de amor y ahora el reencuentro no hace otra cosa que reabrir viejas heridas. Aunque también da pie a alguna escena divertida, gracias a la convivencia de seis personajes que ven como sus planes para ese año en el castillo se trastocan drasticamente por la presencia de un elemento desestabilizador. Eso añadido a la apuesta que surge al principio de la historia y que dio pie también en la entrega anterior para alguna escena graciosa, ayudan a que relajar el ambiente entre Lilibeth y Roland, que no solo deben lidiar con sus sentimientos sino con las pretensiones de las otras cuatro personas que habitan con ellos y que buscan su propio final feliz.

Tiene también los mismos puntos flojos que su predecesora, esto es que cuando los protagonistas están en una escena importante para el devenir de los acontecimientos surge alguno de los otros personajes estropeando el momento. Y algo que he observado leyendo esta historia, es que hay escenas que se repiten del anterior libro pero desde la perspectiva de Roland y Lilibeth y al haber pasado tanto tiempo desde que leí el anterior varias cosas se me han olvidado y no tiene la misma gracia, por ejemplo el momento que transcurre en el paseo de los melocotoneros, creo que no esperare mucho a leer el último libro o corro el riesgo de que me pase lo mismo, y además sospecho va a ser el mejor de los tres por lo poco que se ha mostrado del duque y Abigail.

Otra cosa que no me ha gustado es la aparición de un personaje que se revela como uno de los protagonistas de las intrigas que separaron a Lilibeth y Roland hace más de seis años. No porque surga de repente, ya que se le nombra bastante antes del acto final revelando una información la mar de interesante para el devenir de la historia y que espero que se concrete en la siguiente entrega, sino por la explicación tan cogida por los pelos que da para haber intervenido en la relación de Roland y Lilibeth, me parece incomprensible y absolutamente fuera de lugar que alguien que se supone mira por tu bien haga algo así y más viendo que el matrimonio de Lilibeth ha sido horrible y que Roland ha vivido como alma en pena por no estar con ella. Encima después de revelar su participación muy tranquilo como si la cosa no fuera con él, se queda como si nada sin pensar que ha hecho mal, más bien al contrario cree haber hecho lo mejor.

Historia que no esta mal, quizás si que la veo más madura que la anterior, pero le sigue faltando algo para que la recomiende o para que me apetezca hacerle una relectura, es bonita sin más, pero me ha hecho pensar que la siguiente si que va a ser buena de verdad, no se porque.


Nota: 6/10

Datos de interés:
Autora: Julianna Gray | Romances a la luz de la luna II
Título original: A gentleman never tells
Publicado originalmente en 2012
Publicado en España: 2013
Editorial: Plaza & Janés

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